04/25 VEINTICUATRO
Dieciocho (773)
“Él
me dijo: entonces veríais cómo las heridas se convertían en tinajas de vino,
que los verdugos bebían a la salud de sus dioses” (Adonaida, pág.205)
I
El
poeta no siempre está presente,
no
está ni se le espera,
sufre
de la inspiración
del
soplo de los dioses
y
solo habla por pluma de ganso
cuando
se manifiesta
a la luz
y
dice lo inenarrable.
Es
como la herida que supura,
como el fiel de la balanza
que no se manifiesta tampoco
más que en temblor y la duda,
cuando
el tiempo y la justicia
tienen su final
__
tal vez a la hora de la muerte__





