viernes, 7 de diciembre de 2018

EL OLENTXERO

EL OLENTXERO

20111223105307-olentxero-1-.jpg
EL  OLENTXERO                          
Se despertó despacio, se incorporó a duras penas, se sacudió de un manotazo la nieve que le cubría la cara y le nublaba la vista y sintió un fuerte dolor de cabeza, una extraña sensación y el acre sabor de la madera; se rascó con parsimonia el colodrillo por debajo del gorro rojo de lana, miró alrededor e insistió de nuevo como frente a un espejo, explorando todo su corpachón con manos torpes..., se quitó las manoplas, y comprendió que algo no encajaba ni en el paisaje alrededor, ni en su cabeza: tenía un chichón considerable y restos de sangre reseca en la frente; estaba sentado en el suelo, bajo un abeto, sobre la nieve, sucia de restos de carbón; uno de los renos le miraba fijamente con cara estúpida sin dejar de rumiar.
Le pareció un poco ridículo el disfraz rojo que llevaba, con los puños, el cuello y la orla de armiño bastante deslucidos por el uso; aunque sólo fuese una vez al año, pero no había manera de convencer a la jerarquía de que cambiasen el color del uniforme; había que morir al palo.
Había sido un día muy ajetreado, y luego se prolongó en una larga velada en el albergue, el calor de la chimenea, con la conversación distendida y feliz de los parroquianos y el licor de bayas rojas, _  demasiado licor de bayas rojas_ y ya  sólo le quedaban unos pocos regalos de Navidad por repartir...
¡Regalos!;  se puso de pie con rapidez, todavía  inseguro recuperó las riendas, recordaba a trazos lo que ocurrió de madrugada: el trineo volaba sobre la nieve... miró alrededor, pero algo no encajaba en su cabeza. Consiguió reunir las piezas del puzle: demasiadas manchas de carbón, algunos paquetes de regalo abiertos... unas huellas de pies humanos que se alejaban en la nieve, más restos de carbón de encina, polvo de cisco para el brasero...
Suspiró profundamente y se resignó sin encontrar respuesta. Se puso en marcha.
¡Había que cumplir un año más!

... Y por fin, esa noche, también los hijos del carbonero tuvieron verdaderos regalos de Navidad.

Mariano Ibeas
19-12-2002     Cuento de Navidad

  * En el País Vasco la tradición quiere que los regalos de Navidad los traiga el Olentxero, un personaje que a veces se trastoca con el “carbonero” o “el hombre del saco” que asusta a los niños  o les regala carbón cuando no son buenos.

FRANCISCA AGUIRRE

20181115155921--pacaaguirrecartel0-c8a40fb5.jpg
Un mar, un mar es lo que necesito.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
Tampoco quiero flores, manos,
ni un corazón que me consuele.
No quiero un corazón
a cambio de otro corazón.
No quiero que me hablen de amor
a cambio del amor.
Yo sólo quiero un mar:
yo sólo necesito un mar.
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.
Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,

viernes, 20 de mayo de 2016

MI FRAGILIDAD

MI FRAGILIDAD

                        “En mi pie izquierdo
                        posas tu fragilidad,
                        hormiga sola.
                                               (Ángela Serna, “Solitudine”)

Mi fragilidad
reposa en equilibrio
sobre una brizna de paja.

                        ***
Me siento
a la vera del camino
a contemplar
el esfuerzo de Sísifo
de una hormiga.

                        ***
Siento el placer
de respirar
una y otra vez
la borrachera del oxígeno
que fluye lentamente
por mi piel.
                                               16/02/2016
Mariano Ibeas

MI FRAGILIDAD

MI FRAGILIDAD

                        “En mi pie izquierdo
                        posas tu fragilidad,
                        hormiga sola.
                                               (Ángela Serna, “Solitudine”)

Mi fragilidad
reposa en equilibrio
sobre una brizna de paja.

                        ***
Me siento
a la vera del camino
a contemplar
el esfuerzo de Sísifo
de una hormiga.

                        ***
Siento el placer
de respirar
una y otra vez
la borrachera del oxígeno
que fluye lentamente
por mi piel.
                                               16/02/2016
Mariano Ibeas

viernes, 15 de enero de 2016

PUEDO... NO PUEDO

 "Puedo escribir los versos
más tristes esta noche..."
  ...de noviembre
recordando a Pablo… 
Puedo amar
y seguir sufriendo, 
           pero no puedo dejar
                              de recordarte. 
Puedo vivir sin ti
desgranado los momentos de la noche,
            pero no puedo dejar de verte, 
           durmiendo aquí a mi lado… 
Puedo soñar
otra vida, otra existencia,
            pero no puedo resolver el nudo 
           que me ata a ti… 
Puedo sentir que respiras
y no puedo acompasarme
contigo,
 no sé si puedo seguir viviendo 
           sin amarte,
 no sé si debo
            seguir viviendo…
     Mariano Ibeas
               (De "Palabras guardadas", 2000)

martes, 8 de diciembre de 2015

LA VIDA ES...

La vida es…
                             “La vida es
                           un entrenamiento para la muerte.”

Ser para la muerte,
para la pérdida,
para el desprendimiento,
para el despojo:
el deshojar de las hojas del otoño,
el desenraizamiento…
Somos una sucesión de pérdidas,
y cuando abandonamos
capa tras capa de cebolla
no queda nada,
una hoja desprendida,
una vuelta del camino
y ya no hay más…
Pensamos haber visto,
o entrevisto,
o encontrado algo firme
y nos miramos las manos
desnudas, vacías…
Somos consciencia
de ser o de existir
sin más
y esa consciencia de nosotros  mismos
es la herida…
La capacidad de ver,
de mirar, de contemplarnos,
a nosotros mismos
como sombras
sabiéndonos mortales,
sabiendo que hemos de morir un día
no lejano…
Somos sabios,
sabemos eso, al menos,
y en eso consiste nuestro
ser diferencial…
Ser para la muerte.
Ser la herida
mortal de necesidad…

Mariano Ibeas                          11 / 11 / 2015

viernes, 30 de octubre de 2015

EL HAMMAN

EL HAMMAN
(Dedicado a Blanca)


Ismail ben Zaidum
construyó estos baños
para el solaz y el placer del rey
y sus amigos…

él murió casi de viejo
víctima de la peste
y dejó abundantes poemas…

su sucesor
también  murió,
asesinado,

nos dejó un rastro de sangre
__ los servidores lavaron
con agua abundante
los restos de la degollina__

aquél día su sucesor
se bañó
en el agua tinta en sangre
y lo disimularon también
los criados
con vidrios de colores
en los lucernarios
de la cúpula

¿soñó con morir quizás
del mismo modo?

no fue un sueño
fueron deseos que se hicieron realidad
años más tarde…

el artesano que realizó
los baños
amasó con sangre los ladrillos
y los coció en su horno,
el rojo tinto en barro
le pareció
digno de los reyes
el color de la bandera nazarí…

Mariano Ibeas

                                      28 / 10 /2007